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La Tormenta Perfecta

. 9 de enero de 2008
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Día de Halloween de 1991. La costa Este de los Estados Unidos sufre una descomunal tempestad causada por la improbable combinación de aire caliente y bajas presiones provenientes del norte, aire frío y altas presiones provenientes del este y el resto de un huracán tropical que sube del sur. Estos tres factores no se dan simultáneamente casi nunca. Pero cuando se dan, originan lo que se conoce como… La Tormenta Perfecta.


Enero de 2008. Como cada año, los economistas nos vemos acosados por la prensa para que hagamos las predicciones del año nuevo. Si uno no quiere quedar como un ignorante, uno debe profetizar alguna cosa con más o menos sentido. Ya que yo soy de los que no tienen bola de cristal, déjenme que les cuente lo que están diciendo los grandes gurús de la futurología económica: durante el 2008, ¡habrá una profunda crisis económica!

Hay seis factores que apuntan en esa dirección. Primero, la crisis financiera del “subprime”. Empezó hace unos años cuando unos bancos espabilados hicieron préstamos hipotecarios a familias con poca capacidad de devolver el dinero (“subprime”). En lugar de guardarse esas hipotecas peligrosas, esos bancos las ‘securitizaron”. Es decir, las pusieron en paquetes con otras hipotecas y las vendieron al mejor postor. Éste, por su lado, las re-empaquetó y las volvió a vender. Y así, los paquetes de hipotecas peligrosas fueron de banco en banco hasta su destino final. El problema es que ni ese destino final se conoce, ni se sabe cuántas hay. En las últimas semanas hemos descubierto que Merryl Lynch, Citigroup y Unión de Bancas Suizas (UBS) poseían decenas de miles de millones de dólares. Es decir, hemos descubierto que el agujero financiero es grande y que no lo tienen bancos desconocidos sino bancos muy importantes.

El problema es que, al no saberse quien tiene agujeros financieros, los bancos se guardan el dinero porque tienen miedo a prestar. Eso hace que muchas empresas que querrían invertir, es decir, que querrían comprar maquinaria y ampliar su capacidad productiva, no lo hacen porque nadie les presta dinero. La empresa de maquinara no vende por lo que debe despedir a algunos trabajadores. Esos trabajadores dejan de comprar comida o ropa por lo que las empresas de comida o ropa pierden dinero y despiden a sus trabajadores y el círculo vicioso se expande por toda la economía. Es decir, lo que empezó como una crisis de hipotecas “subprime” se contagia a la economía real y se transforma en una recesión económica en toda regla.

Segundo factor: los precios de la vivienda en Estados Unidos están cayendo y se estima que durante el 2008 la caída puede llegar a ser de hasta un 25%. Esto puede provocar lo que se conoce como “efecto riqueza”: el gasto realizado por los consumidores depende de lo ricos que éstos son o creen que son. Cuando el precio de sus viviendas baja, perciben que se han empobrecido y dejan de comprar comida o ropa por lo que las empresas de comida o ropa pierden dinero, despiden a sus trabajadores… y el círculo vicioso vuelve a empezar.

Tercero: el precio del petróleo ronda los 100 dólares por barril. En el año 1974, un aumento parecido, por si sólo, causó una de las más grandes recesiones del siglo XX. Es cierto que la economía de hoy, con muchos más servicios y menos industria, es menos dependiente de los precios de la energía. Pero también es cierto que el aumento del precio del petróleo coincide con el de otras materias primas. La razón es que, esta vez, los precios no suben porque unos locos de la OPEP han reducido la oferta sino porque los dos países más poblados del mundo, China e India, están creciendo rápidamente y demandan grandes cantidades de materias primas.

Cuarto, el euro está por las nubes: un euro caro hace que los productos europeos sean caros y eso impide que Europa exporte y tome el timón de la economía mundial cuando los Estados Unidos entren en crisis.

Quinto, el dólar corre el riesgo de sufrir una caída catastrófica. En estos momentos hay tres grandes grupos de personas que tienen dólares en sus carteras: los Chinos, los fondos de pensiones alemanes y japoneses y los exportadores de petróleo. Si estos grupos ven que el dólar se debilita, pueden intentar quitarse sus miles de millones de dólares de encima para no sufrir pérdidas, cosa que precipitaría la caída de la moneda americana, provocando un siniestro financiero sin precedentes.

Sexto: la situación geopolítica sigue teniendo elevadas dosis de incertidumbre. El asesinato de Benazir Bhutto, candidata a la presidencia de un país islamista poseedor de la bomba nuclear, es un triste recordatorio de que conflictos bélicos o atentados terroristas a gran escala pueden ocurrir en cualquier momento.

Total, seis son los factores que apuntan a una crisis económica global. Lógicamente, por más que insistan los profetas, nadie sabe con certeza si esa crisis finalmente se va a producir porque también hay razones para ser optimista. Por ejemplo, los bancos centrales de Europa y Estados Unidos están aumentando la cantidad de dinero para que las empresas que deseen invertir puedan hacerlo y el gobierno norteamericano está ayudando a las familias “subprime” a pagar sus hipotecas.

Lo que pasa es que, si bien cada una de estos seis factores, por sí solo, podría desencadenar una crisis económica mundial, hoy se dan todos simultáneamente. Es decir, estamos ante la combinación improbable de factores que no se dan casi nunca pero que, cuando se dan, podrían acabar originando… La Tormenta Perfecta.

La Vanguardia, X-01-2008

Mejor pensarlo dos veces

. 17 de diciembre de 2007
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Este artículo salió hoy en la nación, el autor es el economista Alvaro Cedeño (acedenog@gmail.com)

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Un huevo no es lo mismo que un aguacate, pero cuando los aguacates son abundantes, baja la demanda de huevos.

Es bien visto que el alcohol procedente de la caña de azúcar o del maíz, pueda sustituir algo del petróleo que se utiliza para mover nuestros vehículos.

Pero con el petróleo tan caro como está, uno de los mejores usos del maíz, será convertirse en combustible. Suena bien. Pero no. Más maíz dedicado a combustibles, conduce a maíz más caro para tortillas y forrajes y entonces, menos kilos de pollo y cerdo para comer.

La revista The Economist ya menciona el término “agriflación”, entendida como el crecimiento de precios de productos agrícolas por esta causa.

En Nicaragua, hay una mala situación económica. Luego, muchos nicaragüenses emigran a Costa Rica y se convierten en oferta de mano de obra.

Eso desde luego, tiene una influencia en cuál es el salario que se paga en el país por muchas labores.

Estimuladas por el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, muchas empresas se instalarán en Costa Rica.

Eso parece positivo para el clima de negocios, pero las empresas actuales, verán cómo les empezarán a “piratear” colaboradores. ¡Qué mal! Según para quién. Para los colaboradores “pirateados”, eso significará mejoras en su ingreso. Y para los “pirateables”, mayor poder de negociación ante sus empleadores.

Los muchachos que se atrasan en la conclusión de sus carreras ¿cuánto pierden? ¿sólo el monto de sus gastos estudiantiles? No.

En situaciones de alta demanda por trabajadores calificados, perder un año es posponer la entrada al mercado de trabajo, de ahí que la pérdida es lo que pudo haber ganado en el año que estuvo “repitiendo”. ¡Ojo chicos!

Pensar en asuntos económicos o sociales obliga a explorar consecuencias deseadas y no deseadas.

Las cosas no son lo que parecen.

La sabiduría convencional, lo que parece razonable y es compartido, podría no serlo.

No nos apresuremos a aplaudir. No nos apresuremos a rechazar.

Un verdadero revolucionario

. 8 de diciembre de 2006
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¿Por qué fue tan importante Milton Friedman, economista brillante y polémico?
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A principios de la década de 1990, la profesora mexicana Carolina Bolívar, muy discretamente, fue a dar varias conferencias sobre temas económicos a la Universidad de La Habana. Su propósito no era discutir complejos asuntos técnicos sino explicarles a los académicos cubanos las razones por las que ciertas sociedades progresaban mientras otras se estancaban o retrocedían.

Tampoco se trataba de antagonizar con sus interlocutores refutando los dogmas marxistas en medio de un airado debate ideológico. Carolina, simplemente, llevaba en su equipaje un demoledor instrumento de persuasión: la serie de televisión Libertad para elegir, escrita y narrada por Milton Friedman una década antes. Como era predecible, los docentes cubanos salieron de la exhibición como si les hubieran propinado un choque eléctrico.

No solo comprendieron las causas que explicaban el enriquecimiento de Hong Kong y los otros dragones de Asia: súbitamente entendieron por qué el colectivismo y la economía planificada los había llevado a ellos y a sus familias a experimentar una miseria de alcantarilla.

La anécdota viene a cuento por la muerte reciente de Milton Friedman, premio Nobel de Economía en 1976, y por la pregunta que se hicieron millones de lectores ante la avalancha de información provocada por su deceso: ¿por qué fue tan importante este economista brillante, diminuto y polémico? Precisamente, por explicar con una tremenda eficacia las consecuencias económicas y morales de la libertad. Cuando una persona puede tomar decisiones sin la coacción del Estado, tanto en su condición de productor como de consumidor, el resultado final de esa elección, trenzada a la suma casi infinita de otras elecciones libremente efectuadas por otros millones de personas, genera asombrosos niveles de prosperidad y progreso.

Por la otra punta del fenómeno, cuando una sociedad concentra la facultad de elegir en un grupo de expertos, en comisarios políticos o religiosos guiados por prejuicios morales, o en nobles funcionarios del gobierno facultados para decidir cuál es el bien común, las consecuencias materiales y espirituales de ese restringido modelo de organización social son la pobreza, el desabastecimiento y la creciente apatía de la ciudadanía.

Soberanía del consumidor. La obra de Friedman, además, contribuyó decisivamente a fomentar lo que hoy se conoce como la soberanía del consumidor. Cuando una persona utiliza libremente su dinero y adquiere una camisa, un perfume o hace una donación a la Cruz Roja, está ejerciendo un derecho. Cuando una persona decide contemplar la película zeta, equis o tres equis, si esa es su preferencia, de alguna manera está ampliando los márgenes de la libertad y la democracia. Más aún: tal vez la forma más libre de votar es, precisamente, con el dinero, porque la democracia representativa, al fin y al cabo, es una suerte de limitación voluntaria de la facultad de elegir. Consiste en escoger a algunas personas para que tomen las decisiones en nuestro nombre. El mercado, sin embargo, cuando cambiamos dinero por bienes o servicios, es lo más parecido a la democracia directa: uno toma personalmente las decisiones que le atañen. No hay intermediarios.

¿Quiénes odiaban a Milton Friedman? Por supuesto, los enemigos de la libertad. Los ingenieros sociales. Esos colectivistas, amantes de la humanidad, pero adversarios de los individuos, que intentan quemar un McDonald’s porque ellos han decidido que la persona que quiere comerse una hamburguesa es un pobre imbécil al que hay que impedirle por la fuerza que elija libremente cómo saciar su apetito. Esos tipos arrogantes, llenos de certezas, convencidos de que ellos y solo ellos saben los libros que los adultos deben leer, la música que deben escuchar, los espectáculos que deben contemplar o el tipo de sustancia que deben o no fumar, inhalar o deglutir. Y lo asombroso es que esos gendarmes del espíritu humano suponían que Friedman era un conservador de derecha, cuando eran ellos los verdaderos representantes de la caver-na ideológica más rancia e intolerante. Friedman era el verdadero revolucionario.


Carlos Alberto Montaner
©FIRMAS PRESS
Periodista