Desde el 2006, año en que ingresé a la Universidad, debo viajar durante aproximadamente 1 h desde mi casa hasta la Universidad, usualmente tengo dos medios para hacer el viaje: el bus universitario o el servicio público. Lo que voy a intentar describir es el comportamiento de la fila de ambos servicios para observar como se pueden crear/adquirir 2 reglas de convivencia completamente diferentes a partir de unas condiciones "controladas" donde la única variable que cambia es el tipo de usuario (un típico experimento en Ciencias Sociales).
Las dos paradas están contiguas, la diferencia de precios entre ambos buses me resulta indiferente (menos de un 5%), el tiempo que duran en el trayecto es muy parecido. Las diferencias son que los espacios disponibles en el autobús de la U son limitados a 2 buses y el servicio público es ilimitado. La ventaja del bus Universitario es que puede tomar algunos atajos y en casos de embotellamientos es más posible llegar a tiempo, además, de que la última parada es exactamente en la Universidad, el servicio público se detiene a unos 50 m. En resumen, un estudiante de la UCR racional, prefiere por muy poco viajar en el bus de la U.
Es fácil intuir de inmediato que la fila en el servicio público es mucho más larga que la del servicio Universitario. El aspecto del largo de la fila es muy importante porque en el servicio público sin importar el largo de la fila, todos tienen un espacio (sentados) asegurado, en cambio en el bus de la U los lugares sentados son muy pocos (el bus no sale de la parada que analizo) y los demás son de pie, pero son bastante limitados. Es decir, es muy importante llegar temprano para tener un buen lugar en la fila, quienes hacen fila muy atrás se arriesgan a quedar sin campo y tener que empezar la fila en el otro servicio (lo que muy probablemente implica llegar tarde).
La fila del servicio público se comporta como se esperaría, primero en llegar, primero en montarse (FIFO). En cambio, la fila del bus de la Universidad no respeta el orden de llegada. Al principio me incomodaba bastante ver como pasaba de estar de quinto en la fila a ser el décimo, me sorprendía ver la naturalidad con que se aceptaba romper el orden de la fila. Durante 2 años estuve sin colarme (quizás alguna vez...) porque me daba vergüenza con la gente de atrás, pero desde este año decidí que no estaba mal colarse en esa fila. Después de tanto tiempo viendo que es el comportamiento natural, me dí cuenta (un poco lento...) que las normas de convivencia en esa fila eran distintas a las usuales, así que lo que en la acera del frente no es apropiado, en la fila para el bus de la U es completamente aceptable. Parece ser que la única norma es que para colarse se debe saludar a una persona en la fila en el lugar que se desea.
Las dos paradas están contiguas, la diferencia de precios entre ambos buses me resulta indiferente (menos de un 5%), el tiempo que duran en el trayecto es muy parecido. Las diferencias son que los espacios disponibles en el autobús de la U son limitados a 2 buses y el servicio público es ilimitado. La ventaja del bus Universitario es que puede tomar algunos atajos y en casos de embotellamientos es más posible llegar a tiempo, además, de que la última parada es exactamente en la Universidad, el servicio público se detiene a unos 50 m. En resumen, un estudiante de la UCR racional, prefiere por muy poco viajar en el bus de la U.
Es fácil intuir de inmediato que la fila en el servicio público es mucho más larga que la del servicio Universitario. El aspecto del largo de la fila es muy importante porque en el servicio público sin importar el largo de la fila, todos tienen un espacio (sentados) asegurado, en cambio en el bus de la U los lugares sentados son muy pocos (el bus no sale de la parada que analizo) y los demás son de pie, pero son bastante limitados. Es decir, es muy importante llegar temprano para tener un buen lugar en la fila, quienes hacen fila muy atrás se arriesgan a quedar sin campo y tener que empezar la fila en el otro servicio (lo que muy probablemente implica llegar tarde).
La fila del servicio público se comporta como se esperaría, primero en llegar, primero en montarse (FIFO). En cambio, la fila del bus de la Universidad no respeta el orden de llegada. Al principio me incomodaba bastante ver como pasaba de estar de quinto en la fila a ser el décimo, me sorprendía ver la naturalidad con que se aceptaba romper el orden de la fila. Durante 2 años estuve sin colarme (quizás alguna vez...) porque me daba vergüenza con la gente de atrás, pero desde este año decidí que no estaba mal colarse en esa fila. Después de tanto tiempo viendo que es el comportamiento natural, me dí cuenta (un poco lento...) que las normas de convivencia en esa fila eran distintas a las usuales, así que lo que en la acera del frente no es apropiado, en la fila para el bus de la U es completamente aceptable. Parece ser que la única norma es que para colarse se debe saludar a una persona en la fila en el lugar que se desea.
Existen varias razones que podrían justificar el comportamiento, por ejemplo, se podría suponer que por ser la gran mayoría estudiantes de la misma universidad se conocen entre sí y por eso se permiten confianzas de ese tipo, sin embargo, en una universidad de más de 30 000 estudiantes (aún limitando a los estudiantes que viven en mi provincia y viajan en bus es un número grande) es poco probable que la mayoría de las personas en la fila se conozcan y por eso permitan alterar el orden. Otra razón, que creo que es de las más fuertes, es la timidez o temor a ser tomado como una persona agresiva o socialmente muy distinta. Hay más razones, pero lo más curioso es que en este caso las razones que permiten colarse a las personas parecen actuar con mayor firmeza que la razón que hace que no se permita colarse.
La principal razón que me impulsa a pensar que no debería ser permitido colarse es precisamente la ventaja del transporte universitario y la limitación de espacio. Esta debería ser suficiente para impulsar a quienes están de primeros en la fila para evitar que una persona (que probablemente no sacrificó lo que sacrificó la persona que llegó primero) llegue 10 minutos después a la fila y ocupe el último asiento en el bus, dejándole a quien madrugó la única opción de ir de pie. De alguna forma, esta razón es colapsada por una especie de contrato tácito entre los usuarios que permite que un segundo lugar en la fila se convierta en un noveno en 2 minutos.
Aquí termina este artículo, solamente quería expresar algunas divagaciones éticas que he pensado con respecto a uno de los fenómenos sociales más curiosos que he visto, donde parece ser que la timidez o necesidad de aceptación opacan por completo una razón completamente válida y justa de reclamar por un derecho adquirido.















5 comentario(s):
Yo creo que por un lado, la cultura costarricense es de ser un poco cohibido al exigir sus derechos. Por otro lado, creo que la necesidad de ser aceptado, supera la indignación de los derechos pisoteados...
cuando yo iba a la UCR, y viajaba en bus de la U, la gente no se colaba, el precio era casi la mitad de irse en los medios de transporte convencionales y el tiempo se reducia dramaticamente a un 40%.
el unico problema es que el bus entraba por letras y llegar de letras a generales le tomaba una eternidad... por eso si uno queria llegar temprano tenia que bajarse en letras y caminar hasta donde tuviera que llegar.
me parece interesante leer sobre estos comportamientos emergentes en sistemas tan simples y similares, pero tan diferentes a la vez... deberias de hacerle llegar esto a la gente que maneja el bus de la U... tal vez les parezca vacilon el asunto.
buen post... aunque yo siempre voy sentado pero no voy a revelar mi secreto...
mae que analitico!!
ok esta muy bien esta esta clase muy bien .................
Publicar un comentario en la entrada